A través de la voz de una niña, usamos una reflexión sencilla pero profunda: no existen dibujos incorrectos, existen miradas diferentes. Cada trazo representa una forma única de entender la realidad, del mismo modo que cada persona posee un ADN irrepetible. La pieza utiliza el dibujo infantil como metáfora de la diversidad humana, transmitiendo que las diferencias no son errores, sino expresioones válidas de identidad. Así, el proyecto invita a valorar la pluralidad, fomentar el respeto y commprender que la diversidad enriquece cualquier entorno educativo y social.