Esta propuesta reúne dos ilustraciones sobre el Síndrome de Rubinstein-Taybi desde una mirada cercana y personal. La primera utiliza el pulgar como símbolo de una de sus características principales, transformándolo en una imagen positiva. La segunda muestra a una paciente en un entorno seguro inspirado en un pop it, objeto presente en su día a día. El fondo amarillo, al ser su color favorito, refuerza esta sensación de bienestar, mientras que su ligero aislamiento refleja su personalidad y necesidad de espacio propio, no como rasgo de la condición, sino como parte de su forma de ser.