En ocasiones, la fragilidad del cuerpo esconde el alma más inmensa.
Estas ilustraciones exploran el síndrome de Pelizaeus-Merzbacher desde la mirada de un niño extraordinario. Entre tonos dulces y estrellas, la obra transforma la dureza de una enfermedad en un cielo onírico, celebrando una inocencia pura de la niñez que nada podría apagar.